Para el segundo día del reto #unmesdepoemas, Elena Medel nos cita a Horacio Quiroga (escritor uruguayo) con una de las teorías que escribió en su "Decálogo del perfecto cuentista":
"No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino".
Y después de citarlo, y a pesar de darle la razón, nos incita a desarrollar nuestro lado rebelde y hacer todo lo contrario a lo que Quiroga enunció: coge algo que te haya pasado hoy, y escribe un pequeño poema sin reposo ni corrección.
Este fue mi texto:
Para escribir sólo se necesita
de un soporte que sustente
nuestras letras y una herramienta
que las plasme sobre él.
Listo, ya has escrito.
Aunque no siempre es suficiente,
y la mera existencia de
nuestras palabras sobre dicho
soporte, en este caso el papel,
precisa de un significado que
le de sentido a haber escrito.
Buscas en lo cotidiano
para dar rienda suelta a la inspiración,
pero te encuentras con una imagen
blanca, borrosa incluso, propia de
un día monótono y aburrido.
Miras el reloj y te sorprendes
con que el día se ha esfumado.
Observas a través de la ventana
los colores anaranjados de
la tarde para confirmar que
el sol ya se esconde, que
ya se hace de noche.
¿Dónde han quedado,
entonces,
las compras que ibas a hacer?
¿Dónde el paseo por la playa
y la ropa que ibas a planchar?
¿Se habrá hecho la maleta
a sí misma para el viaje
de mañana?
Lo dudas, y lo escribes.
Ahora, todas esas tareas que
tenías pendientes están escritas
en este soporte, papel, por esta
herramienta, bolígrafo, para
atosigarte con su presencia
y dejar caer sobre ti la
pesada losa de la culpabilidad,
que releva a esa desidia
repentina e inesperada que
se ha llevado al día por delante.
Fin. Ya tienes el "qué" escrito también.
Sólo faltaría revisar el cómo,
corregir el texto, los ritmos,
y darle una forma lo más
mínimamente apetecible de leer.
Pero no, de eso trata el reto de hoy:
vomitar sin dejarlo reposar.
jueves, 9 de agosto de 2018
Día 1: "Me acuerdo".
Esta será la primera entrada del reto que ha lanzado la poeta Elena Medel en Instagram, y que ha llamado como #unmesdepoemas: escribir un poema diario durante los días del mes de agosto.
Ella misma se encargará, día a día, de dar unas pautas o mecanismos que nos ayuden a activar la inspiración. Siguiendo esos ejercicios, he ido escribiendo desde el primer día en mi cuaderno, y subiéndolo a las historias de mi perfil de Instagram, hasta que he caído en la cuenta de que tengo un blog un poco abandonado y que me podría servir para dejar constancia del avance del reto (y de haberlo terminado, espero). Así que aquí estamos: yo escribiendo y vosotros leyendo, como antaño solía pasar por estos lares. Sin más dilación, os dejo con el primer día.
El ejercicio del primer día está basado en un mecanismo de activación de la inspiración a través de la memoria, que fue ideado por Joe Brainard (escritor y artista plástico estadounidense), y que llamó "me acuerdo". Se trata de empezar la frase con "me acuerdo..." y continuarla con la extensión que nos parezca adecuada a cada uno, ya sea en prosa o en verso. Elena Medel nos invitó a realizar este ejercicio de una forma impulsiva, con lo primero que nos viniera a la mente tras escribir la frase inicial, dándole más importancia a crear algo creíble y con significado para cada cual, que a crear algo literario. Al fin y al cabo, se trata de activar la inspiración y alimentar las ganas de escribir ejercitando la memoria más que de sacar una novela con el primer ejercicio del mes.
A mí me quedó esto:
Me acuerdo de andar con pañales pidiendo fruta en casa de mi abuela.
Me acuerdo de una mujer disfrazada de tío-vivo armando revuelo en el patio del colegio. Era mi madre.
Me acuerdo de un castillo improvisado con cojines y armas fabricadas con bloques de construcción de plástico. (Quizá sea la única guerra entre hermanos que considere aceptable).
Me acuerdo de ver entrar a mis padres con mi hermano chico, recién nacido, en sus brazos. Me acuerdo de haber llorado de la emoción.
Me acuerdo del último beso que le di a mi abuelo en la estación de trenes de Córdoba tras saltar los controles de seguridad.
Me acuerdo del primer y segundo beso que le di a mi primer amor. Entre uno y otro transcurrieron unos minutos en los que ella vomitó.
Me acuerdo, en perfecto orden cronológico, de las tres primeras veces que hice el amor. A la tercera fue la corrida. (Perdón).
Me acuerdo del primer día que llegué a Varsovia. También del último de mi estancia allí.
Ella misma se encargará, día a día, de dar unas pautas o mecanismos que nos ayuden a activar la inspiración. Siguiendo esos ejercicios, he ido escribiendo desde el primer día en mi cuaderno, y subiéndolo a las historias de mi perfil de Instagram, hasta que he caído en la cuenta de que tengo un blog un poco abandonado y que me podría servir para dejar constancia del avance del reto (y de haberlo terminado, espero). Así que aquí estamos: yo escribiendo y vosotros leyendo, como antaño solía pasar por estos lares. Sin más dilación, os dejo con el primer día.
El ejercicio del primer día está basado en un mecanismo de activación de la inspiración a través de la memoria, que fue ideado por Joe Brainard (escritor y artista plástico estadounidense), y que llamó "me acuerdo". Se trata de empezar la frase con "me acuerdo..." y continuarla con la extensión que nos parezca adecuada a cada uno, ya sea en prosa o en verso. Elena Medel nos invitó a realizar este ejercicio de una forma impulsiva, con lo primero que nos viniera a la mente tras escribir la frase inicial, dándole más importancia a crear algo creíble y con significado para cada cual, que a crear algo literario. Al fin y al cabo, se trata de activar la inspiración y alimentar las ganas de escribir ejercitando la memoria más que de sacar una novela con el primer ejercicio del mes.
A mí me quedó esto:
Me acuerdo de andar con pañales pidiendo fruta en casa de mi abuela.
Me acuerdo de una mujer disfrazada de tío-vivo armando revuelo en el patio del colegio. Era mi madre.
Me acuerdo de un castillo improvisado con cojines y armas fabricadas con bloques de construcción de plástico. (Quizá sea la única guerra entre hermanos que considere aceptable).
Me acuerdo de ver entrar a mis padres con mi hermano chico, recién nacido, en sus brazos. Me acuerdo de haber llorado de la emoción.
Me acuerdo del último beso que le di a mi abuelo en la estación de trenes de Córdoba tras saltar los controles de seguridad.
Me acuerdo del primer y segundo beso que le di a mi primer amor. Entre uno y otro transcurrieron unos minutos en los que ella vomitó.
Me acuerdo, en perfecto orden cronológico, de las tres primeras veces que hice el amor. A la tercera fue la corrida. (Perdón).
Me acuerdo del primer día que llegué a Varsovia. También del último de mi estancia allí.
sábado, 24 de marzo de 2018
Luna
Mi luna está dolorida porque
de su boca gotean angustia
y pena para cubrir el hueco
interno que asoma por la herida.
Mi luna está triste,
su piel surcada en temblores
refleja los cobres de un
atardecer lluvioso, el lapislázuli
de una noche iluminada, pero
no más será su luz, sino reflejo.
Mi luna está triste, dolorida,
y en su vientre se alza un rumor
ronco que atormenta:
le faltan sus dos estrellas.
de su boca gotean angustia
y pena para cubrir el hueco
interno que asoma por la herida.
Mi luna está triste,
su piel surcada en temblores
refleja los cobres de un
atardecer lluvioso, el lapislázuli
de una noche iluminada, pero
no más será su luz, sino reflejo.
Mi luna está triste, dolorida,
y en su vientre se alza un rumor
ronco que atormenta:
le faltan sus dos estrellas.
martes, 6 de marzo de 2018
Con los ojos cerrados
He tomado la decisión
de dejar fluir las palabras
sin dejar lugar al vacío.
Abrir la libreta y
activar el piloto automático.
Buscar la sintonía que
antaño sentía con el papel
y no cejar en el intento
hasta encontrarla.
El camino hacia las musas
se me hace arduo. Se olvidan
los pasos cuando no los andas
así como se olvidan los
números de teléfono a los
que solías llamar.
Cuando solías hacerlo.
Es complejo. Complicado
explicarlo. Pero siento como
una densa bruma al mirar
hacia atrás.
El pasado se presenta incierto.
Un recuerdo conformado por
diferentes collages superpuestos
que a su vez son collages
de imágenes borrosas que mi
mente ordena
- o inventa, no lo distingo-
como le viene en gana.
Busco en esa maraña de
fotografías inexactas
el segundo exacto del placer,
de la belleza o el amor,
para enjugar mis
manos en él. Para encontrar
el camino hasta las letras:
el desahogo.
Pero es imposible
-no pueden pescarse nubes en la niebla-
y vuelve a mí la desazón.
El viento azotando cristales,
la mar golpeando los barrotes
de una cancela abierta,
la decadencia de masturbarse
con los recuerdos entre
sábanas nuevas; o con las
sábanas viejas entre recuerdos.
No... no lo sé. No lo sé.
Al final es siempre lo mismo:
uno vuelve hacia atrás/desanda sus pasos/gira la mirada
con el deseo de atisbar de nuevo
un resquicio de luz
y lo encuentra todo oscuro.
Uno encuentra oscuridad y
la frustración de saberse
buscando a tientas.
Es decir,
con los ojos cerrados.
de dejar fluir las palabras
sin dejar lugar al vacío.
Abrir la libreta y
activar el piloto automático.
Buscar la sintonía que
antaño sentía con el papel
y no cejar en el intento
hasta encontrarla.
El camino hacia las musas
se me hace arduo. Se olvidan
los pasos cuando no los andas
así como se olvidan los
números de teléfono a los
que solías llamar.
Cuando solías hacerlo.
Es complejo. Complicado
explicarlo. Pero siento como
una densa bruma al mirar
hacia atrás.
El pasado se presenta incierto.
Un recuerdo conformado por
diferentes collages superpuestos
que a su vez son collages
de imágenes borrosas que mi
mente ordena
- o inventa, no lo distingo-
como le viene en gana.
Busco en esa maraña de
fotografías inexactas
el segundo exacto del placer,
de la belleza o el amor,
para enjugar mis
manos en él. Para encontrar
el camino hasta las letras:
el desahogo.
Pero es imposible
-no pueden pescarse nubes en la niebla-
y vuelve a mí la desazón.
El viento azotando cristales,
la mar golpeando los barrotes
de una cancela abierta,
la decadencia de masturbarse
con los recuerdos entre
sábanas nuevas; o con las
sábanas viejas entre recuerdos.
No... no lo sé. No lo sé.
Al final es siempre lo mismo:
uno vuelve hacia atrás/desanda sus pasos/gira la mirada
con el deseo de atisbar de nuevo
un resquicio de luz
y lo encuentra todo oscuro.
Uno encuentra oscuridad y
la frustración de saberse
buscando a tientas.
Es decir,
con los ojos cerrados.
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