domingo, 28 de octubre de 2018

Y caer.

De alguna forma, siempre he tenido presente la analogía entre escribir y saltar por un precipicio. No siempre tiene por qué ser así, claro, de hecho, hacía tiempo que no lo era, que jugaba con las palabras para formar un texto que nada se pareciese a la sensación de ver acercarse el suelo sin una red donde yacer; pero en ciertas ocasiones sí lo es.
Quizá sea ahora una de esas veces.
Me he fijado hoy en que, de hace un tiempo a esta parte, cada vez que pienso en escribir algo que me está naciendo dentro, miro de reojo el cuaderno y suelto antes un suspiro profundo desde las entrañas que saque consigo la fuerza y valentía suficientes para hacerlo. Para escribir.
Entonces, se suceden uno tras de otro una serie de pasos y sensaciones idénticas a cada momento que dibujan en mi mente la imagen perfecta de esa analogía citada.
Echar mano del cuaderno es andar con paso lento hacia el borde del abismo. Podría incluso oír el suelo rocoso crujir bajo mi caminar.
Abrirlo por la última página escrita es asomarse al vacío y sentir el viento gélido subir enérgico por la pared vertical. Un aire húmedo. Azul.
Coger el bolígrafo y anotar la fecha de hoy en la parte superior de la hoja es tantear la nada con el pie derecho, buscar una última porción de tierra que me sustente el siguiente paso.
Comenzar a escribir es pisar aire.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Día 29: "La palabra".

Para el vigésimo noveno día de #unmesdepoemas, Elena Medel vuelve a recurrir a la inspiración como motivo primero de la escritura. En este caso, a la inspiración que nos evoca una palabra en cuestión. Esa palabra que hace que el mecanismo se encienda y la escritura se active, como un clic, porque tiene que ver con la memoria, o con los sentidos, o simplemente con la historia que nos crea.

Tenemos que buscar esa palabra, pensar lo que significa para nosotros y para los demás, darle una historia, una vida anterior, quizá otras acepciones nuevas... y escribir un poema.

 Como esta entrada debería ser del día 29 de agosto, y no del 9 de septiembre (que fue cuando escribí el texto), he decidido usar la palabra "tarde". 

TARDE

Cansada la tarde de llegar temprano al crepúsculo, comenzó a ser impuntual a sus citas por pura venganza con el mundo. 
Es así que ahora llega tarde a todo pero a todo llega tarde.

-o-

Su amor la estuvo esperando hasta que, cansado de esperar, pasó a llamarse desamor. A eso también tarde llegó tarde, y cuando lo encontró ya no era ni lo uno, ni lo otro, pues ya solo era tarde.

-o-

Tarde llegó tarde a su dolor y ahora no entiende lo que siente pues solo siente que es tarde.

-o-

Un buen día el final le llegó como siempre llegan los finales: justo a tiempo. Pero incluso a su cita con la eternidad tarde llegó tarde, y ahora, tras su demora, nunca es tarde para el resto porque a la muerte uno siempre llega temprano.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Día 28: "El tú a tú".

Para el vigésimo octavo día de #unmesdepoemas, Elena Medel nos lanza la siguiente pregunta: ¿Cuántas veces has leído un poema y has pensado que te hable a ti? 

De esta forma, la poeta nos introduce en las diferentes formas que hay para fijar ese diálogo en el poema, para crear esa conversación entre poeta y lector: la búsqueda de experiencias y sensaciones comunes, o las preguntas que apelan al otro lado del papel (o la pantalla), la segunda persona. Como ejemplo nos muestra algunos poemas de Ana Cristina Cesar, en los que se usa la segunda persona del singular para implicar al lector en el poema: se dirigen a alguien que no es quien lee, puesto que no se conocen, pero que al mismo tiempo sí es quien lee, porque ese recurso le introduce en la conversación. Es como si escribiera señalándonos.

Y eso es lo que debemos hacer nosotros para el reto de este día: recurrir a la segunda persona para immplicar a quien está leyendo.

Dime tú, que acercas tu mirada,
si las luces de este barco
son solo recuerdo de un mar embravecido.
¿Acaso no notas el suave tacto
de unas sábanas blancas en tu mano?
Todo el día en la calle: los balones,
las combas, los escondites,
la felicidad de una gominola compartida.
Toda una vida en común, sencilla
y acalorada, se presenta vívida
en tu mente
si acudes al sonido
de la niñez con tu recuerdo.
¿Cómo me explicas tú,
    entonces,
esta desazón del presente,
este alejarse del pasado?
¿Por qué en la multitud
se haya uno solo si hasta
en la soledad de antes
encontrábamos amigos?
Dime tú, que acercas tu mirada,
si las luces de este barco
son solo recuerdo de un mar embravecido.

Día 27: "La mentira".

Para el vigésimo séptimo día de #unmesdepoemas, Elena Medel nos sitúa en la situación de que cuando leemos un poema, firmamos un pacto con quien lo ha escrito: jura decir la verdad, toda la verdad. De esta forma, la poesía se conocerá como el terreno de la autobiografía: todo lo que dice el/la poeta es lo que ha vivido, es su propia voz la que lo cuenta. Por ello, para esta ocasión, el reto consistirá en mentir. Contar una mentira con el poema de forma que el lector crea que sea verdad. Creernos nosotros mismos la mentira para hacérosla creer a vosotros después.

Acaso la mentira
oyese a la verdad
para tomar
de su palabra la certeza
y poder engañar
a los demás.
Es así que yo hago
lo mismo con la mentira
y tomo de su falsa letra
lo justo
para invocar en mí
a la sinceridad.
Es por ello que os
miento si digo
que soy sincero,
y,
si mentiroso me muestro,
os digo la verdad.